domingo, 21 de septiembre de 2008

Elegía


Afiladas, caían las gotas de lluvia,
me recordaban el pasado cuando las lágrimas lastimaban mi piel.
Ese olor a tierra mojada me obligaba a cerrar los ojos
y yo desprevenida olvidaba el aliento para poder respirar.

¿Dónde se escondió el terror de aquella tarde?
¿Quién le obligó a partir lejos de mi morada?

Nada quedaba ya del bosquejo de su mueca,
la agonía había cesado lentamente...
dónde vivirán los clamores de tu oquedad fónica
a quién le reclamo lo estático del viento y la podredumbre de la algarabía vecinal.

Lluvia, las gotas caían afiladas,
me recordaba tu efigie de carne y hueso
dónde acaba la materia...te siento...


1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso el poema, me ha encantado.