viernes, 25 de julio de 2008

Carta No. 4

Hola Ildhenot:
Son las 3:45 de la madrugada y te ha de parecer ridículo que te escriba esta carta, pero la cama no me sentaba bien y tu rostro sereno me llamaba para que le dijera esto que llevo dentro. ¿Tendrás tiempo de hacerme un espacio en Veltthingard? quisiera pertenecer a ese reino aunque sea por una noche.
Hace 15 años pensaba que lo mejor de la vida era estar de viaje, conocer chicos y bailar en la disco de moda; siempre me imaginé sola, libre y sin anillo de compromiso; sí, sé que te ha de parecer loco, pero te diré que eso de jugar a la familia feliz no iba conmigo. Te he platicado que moría por el León, pero para él era casi invisible y digo casi porque yo me encargaba de que me viera por lo menos de reojo, nunca entendí cómo es que me le declaré y le dije ¿Quieres ser mi novio? y debo confesar que me dijo que lo iba a pensar. ¿Te imaginas?. Inmediatamente llegué a mi departamento, me observé en el espejo y revisé cada centímetro de mi piel, observé mi rostro y me gustaron mis labios y mis ojos grandes, me di cuenta de que mi cuerpo no era perfecto pero me sentía un poco linda, me pregunté por qué él no me había aceptado inmediatamente. Nunca conocí la razón.
Al siguiente día lo vi en la plazoleta de San Mateo y con su rostro serio y un balón de basquet bol me dijo que aceptaba. Me sentí contenta.
Nunca imaginé que más tarde te conocería a tí, cómo pude vivir sin tus ojos, tu sonrisa triste y tus manos mágicas que juegan con la palabra. El León me ayudó a tenerte a mi lado. Por eso le estaré siempre agradecida.
Sé que nunca me confesarás que te hartaba cada vez que te regalaba un libro, pero mira, ahora eres un prospecto de escritor y un lector insaciable. Aún guardo el cuento que me regalaste, ese que hablaba del niño que se lo tragó un sillón verde y que se hizo amigo del caballero de la triste figura. Es hermoso. Muchas gracias.
Te considero muy valiente por soportar mis neurósis y mis ataques de melancolía, qué quieres soy una tonta irremediable, me daña el alma lo más simple de esta vida, soy una peregrina en busca del amor. Te felicito, has sabido darme en el blanco con tus miradas de aprobación, ya ves que no es fácil que los hombre entiendan esto de los estudios de género y el feminismo; tú eres de la nueva generación (aprovecho para decirte que guisas delicioso). Aunque tengo que decirte que algunas veces me asusta que compartas lo que comento y creo: mi negación a la religión, mi apoyo al aborto, mi lucha contra la violencia femenina, mi amor y pasión por la literatura, mi delirio por la trova y la música antigua, mi locura por el cine y lo reservado para hacer amistades; y sabes por qué, porque se sufre mucho con esos vicios. Alguna vez te vas a sentir solo y creeme la pasa uno muy mal.
Creo que eso de la biología marina es muy importante para tí ¿dejarás que te visite a dónde partas?, mmm, creo que sería injusta, te dejaré libre, al fin y al cabo un día regresarás (eso creo).
Aunque me preocupan algunas cosas que como mujer debo revelarte, no es grato que no recojas tu ropa interior, tu recámara es un total caos y sólo una hechicera podría encontrar tu reloj que has perdido por meses; así que procura organizarte, sino varias te dirán adiós. Yo lo haría.
No tengo con qué pagarte las mañanas de los sábados cuando vamos a desayunar juntos, los paseos por el centro (sé que no te agrada que doble tu brazo para pedirte que me abraces), las comilonas de hamburguesas y tacos (aunque después te agobie con mi gordura), tus dibujos, tus comics, tu libro, tus llamadas al celular cuando ves que no llego a casa y tus mensajes amorosos cada vez que salgo de viaje. Te amo!!!
No imagino mi vida sin tí, eres lo más extrordinario que tengo en mi existencia, sé que no soy la mejor, pero he hecho hasta lo imposible para que comprendas este mundo que vive como en el país de Jauja, he querido que entiendas que la amistad es un regalo preciado, por ello jamás dejes a tus amig@s, ya verás que aunque pocos, siempre estarán; sólo te pido que continues siendo humano porque hay tantas veredas en esta vida que algunas veces se olvida.
Mi hermoso Ildhenot, nunca dejes de imaginar mundos, inventar seres, cuidar tortugas o disfrutar de Vivaldi, nunca dejes de creer en tí, en tu talento y en mi amor.
No soy el modelo ideal de mujer, pero ten por seguro que la fortaleza de mi alma, la ternura de mi abrazo, el beso sincero, el regaño preciso, la plática nocturna acerca de sexo y mis ojos complacientes cada vez que te observo en tu cama, me han convertido en la mujer más orgullosa porque me ha permitido escuchar de tu voz llamarme Mamá.
P.D: Tu obsequio de fin de cursos pronto llegará. Y por favor comprende mi miedo a los juegos mecánicos, creo que eso de querer desafiar la gravedad no es para mi. Deja que yo te observe y vea que cada día mi niño se va convirtiendo en un adulto. Te amo.

martes, 8 de julio de 2008

Carta No. 3

Pequeña Yaque:
Hoy te escribo desde estas tierras surianas y entre palabra y palabra bebo té de toronjil, casi todas las noches lo hago, quizá por ello no me fui de esta ciudad de Chilpancingo. Sé que te preguntarás el por qué, te comento que cuenta una historia que aquel que viene a la capital del estado y toma toronjil y come semita regresa y se queda para siempre. Tal vez él lo sabía bien y me engolosinó con ese manjar. Ahora sólo tomo el té, el pan lo he desplazado porque ya sabes que el sobrepeso ronda mi mente y también mi anatomía.
Quiero decirte a través de estas lineas que continuamente te pienso, eres una preocupación para mí, te siento tan frágil, tan sola, tan niña. Eres mi niña y sé que no te agrada (y creeme que a mí tampoco), tienes razón, no puedo o más bien, no debo indicarte cómo debes proceder en algunos casos, pero sabes? siento que sólo así te meto en una burbuja para que no te lastime nada.
¿Creíste que no me dolió saber que tenías cáncer?, ¿pensabas que era la mujer más dura y fuerte que habías conocido?, claro que me jodió! mi alma se destrozó (si es que tengo) mis pasos dirigían mi cuerpo como autómata y mis ojos se secaron porque ya no sabían llorar de tanto uso. Eso de la frontera de cristal y el tan mentado sueño americano me apartaba de tí. Sólo el teléfono me permitía tener tu voz, ella me indicaba cómo habías amanecido ese día. Sé que la quimioterapia no sólo se llevó tu pelo y ennegreció tu piel, también te trajo soledad, desamparo y recuerdos.
Sentiste en algún momento a la muerte? o siempre creíste que el Sagrado Corazón de Jesús te haría el milagro. Sé que estas sana y salva. No quiero que pienses que me burlo, al contrario, quiero que sepas que tú fe ha marcado mi vida y me sorprende ver tu fidelidad a tu credo.
Anoche tuve un sueño y ahí estabas tú, ¿recuerdas la colonia Cacama?...sí ahí donde vivíamos en el D.F., pues en ese lugar te soñé, con tu vestido beige y el brazalete que el norteño te obsequió un 6 de agosto. Te veías felíz, yo no estaba en ese pasaje onírico, quizá estaba jugando a las escondidas o escribía una carta a Felipe porque estaba enamorada de él. Sí, ya imagino tu sonrisa, pero qué quieres, me gustaba aunque fuera mayor que yo y no me hicera caso. Así, en ese sueño te guardé y olí tu perfume que me acompasaba en los bailes que me enseñabas y me dormitaba en las tardes tranquilas en las que me inventabas cuentos.
Tengo que agradecerte que me hayas enseñado a amar a mi México (aunque a veces me desespero y he pensado en otra patria) y a pesar de todos los conflictos me enorgullece pertenecer a la misma cuna de Nezahualcoyotl y Sor Juana. ¿Imaginaste que algún día estudiaría literatura?, yo creo que no, no pensaste que ese libro viejito de pasta azul que me regalaste a los 8 años marcara mi camino, sé que tú hubieras deseado que fuera aeromoza, locutora o artista. Pero para consolarte te diré que soy la artista que va moldeando su propio destino. Eso, creeme Yaque ya es mucho.
Para mí tu eres mi Chapis, mi Madreselva y mi Ananda. Hay tanto que platicar contigo que pronto enviaré otra misiva, ésta sólo quería hacerte saber que te amo y que tú hiciste lo mejor que pudiste para que ésta mujer fuera aceptada por esta consumida sociedad, pero no te preocupes no soy una delincuente (o al menos eso creo), he vivido bajo normas y valores que me fueron señalados con vehemencia, algunos he de confesar, los he olvidado en la plazoleta de Chilapa, creo que allá los recogerá alguien que sí los use. No pienses que me quemaré en los infiernos o seré llevada a la hoguera como en siglos pasados, tal vez no entre al paraíso y jamás conozca a los ángeles y querubines que guardan la catedral de Acapulco, pero qué importa, me basta con saber que tengo tu amor aquí, en esta tierra, en este momento y en este siglo.
Te amo, quisiera repetirlo cientos de veces, pero sé que tú sabes eso y más. Sólo recuerda que "cuando envejezcas madre y seas una viejecita de tembloroso andar, yo cuidaré tus pasos, llevaré a tu boca el pan caliente, el sorbo de agua y te enseñaré el mundo a través del arco de mis brazos.." como tú lo hacías cuando yo era pequeña.
Yaquesita estas cerca de mí.
P.D.: Vive para tí, olvídate de mis juicios y recuerda que agradezco el beso nocturno antes de ir a la cama aunque jamás te lo haya dicho.

jueves, 3 de julio de 2008

Carta No. 2

Amada Toba:
Escribo estas palabras al vacío, mi espacio en blanco comienza a gritar para que deje salir a estas grafías que se han apretujado en mi cuerpo, pero te diré que tengo un problema, no sé a dónde dirijirlas. ¿A dónde crees que pueda enviarlas?. Sé que nuestra formación judeocristiana, tan impuesta por las generaciones anteriores te fastidió y te alejaste definitivamente y por ello hoy tengo complicación para localizarte. Debo confesarte que yo retomé tu camino y ahora soy una atea constante. Sé que reirás y te preguntarás cómo he aguantado los diarios sermones de mamá y las peroratas de Lan. No ha sido nada fácil, pero te diré que no me arrepiento, estoy libre, cargué muchas culpas que no eran mías, dime, ¿por qué no nos permitieron decidir para elegir al Dios que nosotros anhelabamos?.
Ayer revisaba mis fotos que guardo tan celosamente en mi buró, porque ahora con la cámara digital éstas se han convertido en reliquias, y te cuento que encontré la foto en la que me llevaste a Africam Safari en Puebla, me reí de mis piernas regordetas y mi vestido rosa y corto que mamá me había confeccionado, me subiste a un pony y tú montaste una llama. Esta hermosa, tú estas hermosa. Tu cabello largo y lacio me hacía rememorar la época hippie y tus pantalones a la cadera eran una constante tentación para mí y mis 6 años.
Nunca te dije que cuando tuviste que ir al Distrito Federal el día de mi salida de Secundaria y me dejaste esa carta maravillosa lloré como una Magdalena, nunca te dije que también eras mi mami, mi sosten, mi eterna confidente. Pero, ya he escrito tanto de mi que no te he preguntado cómo estás, ¿pudiste ir a Roma?, ¿Qué me dices de Argentina?. Yo acabo de sacar el pasaporte, espero poder iniciar mis recorridos (¿crees que se molesten en casa?). Recuerda que yo no creo en nada. Más que en la buena voluntad y el amor de la gente y por esa razón no tengo esperanza de hacerlo después de mi último viaje.
Tengo que pedirte perdón porque prometí ir cada año a visitarte, pero no puedo hacerlo, te siento tan cerca de mi que se me hace tonto planearlo, además sé que no estás ahí. Tú nunca pudiste estar en un solo lugar.
Toba, ¿te sientes orgullosa de mi?, hubiera deseado que estuvieras en mi graduación. Sabes? dí el discurso de mi generación y todos se levantaron, dicen que fue hermoso. Ya han pasado cinco años, ahora soy profesora y tengo un poco más de lineas de expresión. ¿Te preguntarás por qué? pues bien, te comentaré que a veces los chicos no saben quién es García Márquez o el maravilloso Neruda y me pongo tan furibunda que mi cara se desfigura por el espanto. Recuerdas cuando leíamos "Puedo escribir los versos más tristes esta noche. / Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos". / El viento de la noche gira en el cielo y canta. / Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
Sé que lo recuerdas porque yo era una enamorada irredenta y me diluía cada vez que mi voz se apostaba en mi corazón. Debo confesarte que aún hoy, después de tres décadas y media aún me sigo enamorando como colegiala. No entiendo el por qué. ¿Podrías explicarme?. No sé por qué me enamoro de una plática, de unos ojos serenos y de un texto que llega a mis manos con olor a tabaco.
Te he extrañado, me has hecho mucha falta, no puedo ocultar mis ojos acuosos cuando pienso en tí, en tu risa y en tus abrazos. Ya he ido a hacerme mi examen ginecológico, dicen que soy una prospecta para el cáncer, pero yo creo en que debo cuidarme y ser positiva. Dime, ¿alguna vez pensaste en la eutanasia?...yo sí, me hubieras reclamado?...Te amo. Esa sería mi justificación. No soportaba verte tan débil y demacrada porque tu sonrisa se ocultaba con el olor a medicina y el gusto por la gelatina de jerez se había perdido por completo aunque yo sabía que era tu favorita.
Tenía mucho odio cuando te fuiste, maldije a esos dioses y mis ojos explotaron como cataratas, mi boca seca gritaba tu nombre y el vestido blanco con el que partiste quedó tatuado en mi memoria.
Dime, dónde envío la carta? sé que no existe el cielo y que en esa tumba fría y sola tú no puedes estar. ¿Es verdad que tu alma anda recorriendo los países que te gustaban? ¿O es que te tengo al lado y por eso aspiro tu perfume y mi piel siente tu aliento?.
Toba, no te preocupes, mi carta llegará y sino, ten por seguro que la llevaré el día que me toque partir, la llevo tan grabada en mi ser que te la puedo recitar como cuando cantaba el verso del jardín de niños.
Te amo, no lo olvides. Y si un día te sientas a mi lado, sólo recuerda que no puedes beber café, avísame y te traigo una buena copa de vino tinto, juntas lo degustaremos como cuando me desposé.
P.D.:Te pido un favor, no me dejes. O llévame contigo, porque está muy cabrón vivir sin tí.

jueves, 26 de junio de 2008

Carta No. 1

Buena noche Norteño:
A través de estas líneas te saludo con toda la añoranza y el celo de mis 36 años. Espero que te encuentres muy bien y que todo marche tan igual como cuando decidiste partir. Dime, te sigue gustando comer los huevos estrellados con frijoles charros?, ya lo creo que sí. Siempre pensé en hacerme experta cocinera para que tú sólo desearas que yo te los preparara. Pero bueno, uno desea una cosa y otra muy distinta es la que nos presenta el destino. Qué has hecho en mi ausencia? alguna vez has pensado en mí? en mis ojos y su llanto? ...no lo creo.
Te preguntarás el por qué de mi misiva, pero no te asombres, sólo quiero que sepas que existo y que te pienso continuamente, algunas veces me he sorprendido mirando al vacío preguntandome el por qué de tu partida, pera aún más el silencio perpétuo al que me condenaste. Dime, pensaste que yo te juzgaría? claro que no, me diste unos años maravillosos, nunca los cambiaría por nada. Recuerdas cuando íbamos a comprar pan a la panificadora de la cuadra? eras mi orgullo, te sentía tan grande, tan mío; me protegías, me cuidabas, era tu nena. Dime sigo siéndolo a pesar de mis años?.
Quizá no recuerdes nada y yo sólo traigo un recuerdo gris a tu vida, pero por años aguardé estas líneas porque tenía miedo de hablarte y de nuevo perderte. No sé si respondas, ni siquiera sé si leerás esta carta, sólo sé que muy dentro de mí quisiera gritar que te amo con toda la fuerza del corazón y que me has hecho falta, que te busco cada noche, que te pienso en esa tarde después de un mal día de trabajo y que te anhelo cuando rememoro que me invitabas un helado de zarzamora en Coyoacán.
No te preguntaré ¿por qué te fuiste? porque ya no tendría caso, sólo quiero que sepas que cada noche, cuando cierro los ojos tu rostro viene a mi memoria y mi voz se esconde para gritarte, pero es mi corazón el que late aprisa y te tiene presente como aquella tarde que me obsequiaste mi grabadora porque era mi cumpleaños.
No te olvido ni te olvidaré, no pretendo quitarte el tiempo, sólo quiero que sepas que te amo, con mis 36 años, con mis arrugas y mi sobrepeso, con mis traumas y mis miedos, con mis risas y mis llantos, con mi hijo y mi esperanza, con mi rostro de niña, cada vez que te pienso Papá.
Te amo.
P.D.: No olvides que si necesitas algo, puedes llamarme o buscarme en casa, siempre estoy.

martes, 24 de junio de 2008

Cuando Hitler robó el conejo rosa


Judith Kerr en su libro Cuando Hitler robó el conejo rosa plasma el alma de una niña que vive la exclusión judía de Alemania en tiempos del Fürer. A través de su mirada nos permite entender las complicaciones de los adultos y la sencillez y confianza de la infancia. Un relato autobiográfico que cimbra el sentido de la incertudumbre, el qué hacer en un nuevo escenario como refugiado político, cómo actuar en un país que no corresponde a tu cultura y que provoca la fortaleza humana.

Al mismo tiempo la autora alemana permite que el lector o lectora se sienta refugiad@ y se levante ante las adversidades de la vida. No hay nada que no se pueda lograr si se cuenta con el ánimo y el ímpetu para seguir adelante. Aún en lo más atroz de la guerra se puede avisorar un rayo de entereza.

Editado por Alfaguara, con un lenguaje sencillo y rico en descripciones , Judith Kerr nos lleva de la mano por un mundo de letras atiborradas en la esencia femenina que demuestra la grandeza de ser mujer.

domingo, 15 de junio de 2008

Las pequeñas memorias

Regresar al pasado a través de la memoria permite que se reviva el momento; es como si otra vez nos encontraramos en aquel espacio. Quizá cuando se es adulto se piense sólo en ir adelante; pero de vez en cuando dar una mirada a lo que hicimos nos revienta el alma, nos apacigua la mente, nos chorrea el corazón o nos mutila la mirada.
José Saramago en "Las pequeñas memorias" nos cuenta pasajes de su vida, episodios íntimos que nos convierte en confesores de esas palabras. La alegría de la madre, los juegos en el liceo o las desgracias sufridas nos hacen ver que él como nosotros vivimos en una constante rueda de la fortuna, donde el vértigo, la risa, la emoción, el temor o la angustia deambulan contantemente. Depende de nosotros que sepamos disfrutar el juego.
Cierro los ojos y llega a mí el olor de las tortillas de harina de mamá Estela, corro al patio para jugar con Becky, Gera y Efraín. Me gusta esconderme detrás de la fuente. El aire acaricia nuestros rostros, gritamos como desaforados y nuestros corazones palpitan como si fuese una sonora orquesta. Vamos a casa, nos esperan nuestros padres.
Esas imperfecciones de la vida las resanaré con mis pequeñas memorias, dejándome llevar por la niña que fuí, como bien dice el Libro de los consejos.

jueves, 12 de junio de 2008

VItrinas de últimas cenas

"El cuerpo de la poesía
yace en la mesa
con una sombra en los ojos
pájaro de plumas tornasoles
aceitadas en el azul acuarela
de la mirada"

Mujeres y hombres transitamos por un mundo irreverente, simple, cotidiano; en el que vamos encadenando historias, momentos, voces, letras, poesías; esos actos convierten la estadía de este cosmos, en el recinto esencial para vivir. No estamos solos, dependemos de él o de ella para saciar el apetito de amar, sufrir, engañar o morir.
La poesía es una vitrina de creación abierta que se ofrece a los espectadores hambrientos de la palabra, aquellos que buscamos aplacar el hambre con nuestras querencias y con los desamores tortuosos; esa vitrina poética está abierta a otras sensaciones, se permite deambular por los rincones literarios y se implanta en las calles silenciosas, en las paredes derruidas, en la piel agrietada, en los sueños robados, en las comilonas litúrgicas donde el ser humano engulle, traga, saborea, mastica el alimento.
El alimento es la sustancia ingerida por los seres vivos, a través de él se nos brinda energía y nutrición; formamos cadenas tróficas en las que nos relacionamos entre si; siempre el más fuerte se come al débil. Pero no, no es incorrecto, “…el pez grande se traga al chico, …la lagartija grande se traga a la pequeña, …el hombre se traga al hombre…” como bien mencionaba Sabines.
Andrés Cisneros de la Cruz ofrece en Vitrina de últimas cenas una estantería de sensaciones que nos repliega como compradores fortuitos del ánimo poético; no sólo nos exhibe grafías , sino imágenes que recrean nuestra psique y nos incluye en un espacio blanco y negro donde las líneas dibujan cuerpos, rictus, bestias, humanos… láminas que exponen belleza en claroscuros, quimeras anhelantes que se asocian con vasos, tenedores, dientes, espinas dorsales, sufrimiento.
El texto tiene un formato de 13.5 por 16.5, lo cual brinda accesibilidad al lector, libre poseedor del libro puede llevarlo en la chaqueta, en el bolso, en el morral o en las manos como un ser preciado. Consta de 124 páginas, las cuales guardan el prólogo elaborado por la poeta Adriana Tafoya y remata en una guarda que sirve de separalibro con un prólogo prolongado a cargo del poeta Enrique González Rojo quien expresa que la lectura de este poemario es “un viaje al archipiélago de sorpresas”.
Con tipografía romana, que es una de las preferidas de los diseñadores gráficos, a una tinta, en papel de gramaje ligero, forma parte de la Colección Las cenizas del quemado con el número 4 de Editorial Andrógino y de la Revista Verso Destierro. En la segunda portada aparece una fotografía de Jorge Guerrero Vera que muestra una cabeza de un rumiante en el suelo y encima de ella en técnica mixta la figura de una serie de utensilios del tablajero: Gancho, cliver, filetero, tijera, martillo. Es la efigie del sacrificado. Y son las ESCENAS de Omar Soto las que nos permiten acompañar la poesía de Cisneros de la Cruz a través de la imagen; son 12 Escenas en portada e interiores.
Leer y releer las páginas de éste poemario me dice que publicar libros sí tiene futuro y sentido, hecha abajo la teoría de MacLuhan y Negroponte quienes creen que el libro desaparecerá, estos y algunos otros no se han podido enganchar con el placer, gusto, emoción, coraje que ofrece la lectura. Y aún más cuando se trata de poesía; ya que el género lírico ha sido vedado para el pueblo y ha sido encumbrado a la alta esfera intelectual. Pero, qué es la poesía sino un cúmulo de sensaciones intimistas que desnudan al individuo, lo torturan voces que llenan hojas blancas; él nos autoriza a conocerle a través de la lectura, nos permite hacer nuestra a la poesía, a interpretarla, a sufrirla, gozarla y a mimetizarla.
Vitrina de últimas cenas agrupa 27 poemas de los cuales 25 son vitrinas a los escenarios cotidianos y 2 que ofrecen visiones de los poetas a través de un gran festín: La cena.
Cada uno de nosotros se convierte en un constante espectador de vitrinas, armarios o escaparates en los que vemos expuestos el dolor, el odio, el sufrimiento, la alegría, la traición, la muerte, la sorna, el ultraje. Así, vamos comprando y adquiriendo experiencias que enriquecen y envilecen a esto que llamamos Ser humano. El lenguaje poético cambia nuestro modo de habitar y entender el mundo, Andrés Cisneros lo equipara con una gran vitrina que muestra el deseo, el enjuiciamiento, la ley absoluta, el hombre hueco o la luz tenue.
La poética de Cisneros de la Cruz ofrece al alimento como leit motif de su obra. Sí, hablamos del alimento cotidiano: carne, frijol, epazote, mole, huevo, ajo, chile, berenjena, sal, leche, salmón, melón, fideos, yogurt, lechugas o coliflores; estos elementos van haciendo bifurcaciones con las emociones y entonces nace el alimento espiritual, ese impulsor del ánimo y de la esencia inspiradora. Logra plasmar en la poesía el ritual de la preparación y degustación de la comida que tiene un gran valor simbólico, sobretodo en la familia mexicana; quienes a través de la hora de los alimentos nos amamos u odiamos, externamos las penas y alegrías que cargamos con nosotros y entre cucharada y cucharada de un plato de sopa caliente enfriamos el alma de nuestro acompañante.
En el poema Vitrina del amoroso alimento (p.20) recrea la belleza del mole verde, el escenario en que se sirve, la forma, el olor; pero sentencia que para que degustemos ese alimento “alguien asesina y alguien muere”, quién nos erigió a nosotros humanos como los cazadores y catadores de lo que aquí existe. Y muestra a la poesía como el alimento del ser humano. “¿Quién se comerá este poema?".
El poeta recrea toda una sinestesia “…los colores en las bocas se hacen oscuros / son absorbidos por glándulas mojadas” plasma el goce del acompañamiento del comensal, logra una analogía del sexo femenino y el masculino con los alimentos “las vulvas esponjadas / en la textura de las setas /o la rigidez de las zanahorias / penes erectos al margen del coito…” es el placer de morder, de observar; “ …el desgarre del cadáver / el jugo de su sangre / alimento de nuestra exquisita existencia”. (p23).
El alimento es un tema literario desde épocas remotas : La Odisea, El Satiricón, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, El Lazarillo de Tormes, Ensalada de Pollos. Y esto tiene que ver con la importancia del sentido culinario, cada región, cada país tiene sus olores, sabores, sus paladares. Viven en comunión con las múltiples situaciones cotidianas. Comemos con los ojos y aguzamos los dientes para defender nuestra ideología. El alimento se equipara con el trabajo del libro, uno es remedio para las necesidades fisiológicas y el otro es remedio del alma que cura la ignorancia.
Son diversos los escenarios en los que se expone el alimento: casas, mesas, mercados, calles, ahí nos reunimos para dar a los que queremos la savia del alimento, de nuestro goce “…todos bebamos del mismo vino / y comamos del misma esencia / para sentir que estamos / hechos de la misma / carne” (p.47).
Cada vitrina muestra visiones de lo que nosotros hemos sido o sentido, el poeta permite que nos mimeticemos en cada línea versal y duele, duele la similitud del abandono o de la mutilación.
El espacio que ha sido reservado en diversos periodos por sociedades patriarcales a la mujer: LA COCINA en el poemario ha quedado de lado, ya que aquí mujeres y hombres no son desterrados del ritual del alimento, no sólo el que prepara sino el que degusta, hombre y mujer sienten, crean diversas alquimias de humores, muerden el sabor antiguo para saber si se es feliz buscan el manjar de la alegría y envuelven el sabor del dolor.
Empleando metonimia, oxímoron, prosopopeya el poeta forma versos libres, los encadena con musicalidad; es poesía para leerse muy quedo, pero también para gritarla desde las vísceras, para romper el silencio de los comensales espectadores de los reconcomios emocionales.“No es que muera de amor, muero de ti” dice Sabines y como Andrés Cisneros morimos por la necesidad, por el hambre, nos traslada a su persona, nos modifica a un solo ser, porque cuando nuestros labios poseen las palabras, nuestra piel íntegra y la entraña emotiva recoge nuestras vivencias y las grita sin reparar en lo cotidiano de su lenguaje, porque así, así hablamos natural y con querencia, con temor y frustración cada uno de nosotros los simples mortales.
El texto nos regala el yo poético, logrando una introspección del lector, no se limita a un espacio: duerme en el vientre, espera le cena hirviente de las pociones nocturnas, mira el ardor de los pezones y devora ávido con suculento deseo ese manjar de nueces oscuras; reflexiona sobre los poetas, seres inmaculados, simples como cualquier mortal. Así es la poesía que encierran estas vitrinas, una constante conversación con nosotros mismos, las formas convencionales estéticas no le preocupan, porque su brillantez se centra en lo íntimo de su persona, en su tinte negro que profiere de vida a sus reflexiones.
Es la poesía de Andrés Cisneros de la Cruz una Vitrina a las más profundas emociones, equipara los sacros alimentos con nuestros más íntimos deseos a través de un lenguaje coloquial, que destaca nuestro vivir diario, no le teme a las voces tabúes, no espanta su universo, porque libre de prejuicios es como se puede escribir una verdad: su verdad. Recordemos que la poesía es intimidad, él nos la presenta para que ustedes y yo la interpretemos, la sintamos.
Permítanse degustar Vitrina de últimas cenas, chúpense los dedos, dense un hartazgo y cuando estén hasta el gollete sabrán que la poesía no mata de hambre y que son humanos hasta la médula.

Texto presentado en la presentación del poemario Vitrina de últimas cenas del poeta Andrés Cisneros de la Cruz en la UAFyL en Chilpancingo, Gro.